Crónicas de Pazkid (III). El bicivolador azul.

15/noviembre/2009

Nadie sabe que además de ser un superhéroe también soy un bicivolador. Siempre he sido un bicivolador.

– Venga Pazkid!!
– Voy.

Después del boom de la película todos los niños eran bicivoladores, al igual que después de un combate de pressing catch todos los niños eran El Último Guerrero. FAKE!!! Todos son un fake!. Antes de la película yo ya era un bicivolador y lo sigo siendo. Los bicivoladores estamos por encima de las modas. Somos una raza sup…

– Pazkid, venga!!!
– Ya voy, Damián!

Sé que no soy el único bicivolador del mundo. Yo calculo que seremos en total unos seis: el azul, que soy yo, el rojo, el amarillo, el verde, el negro y el morado. No nos conocemos entre nosotros pero si algún peligro amenazara el planeta, juntos la salvaríamos. No sé si hay alguna chica bicivoladora. Yo creo que no.

– Venga yaaa Pazkid!!!!!!!
– Que ya voy!!!!

Para ser un bicivolador, además de no tener miedo a nada, hay que tener habilidad de nivel 0 (que es el máximo nivel) sobre la bicicleta. Mi primo Miguel, que sólo tiene 4 años, tiene habilidad de nivel 156 y por eso nunca va a ser un bicivolador como yo; además ya no quedan colores disponibles. Yo soy capaz, por ejemplo, de mantener la bici completamente parada sin perder el equilibrio (apoyando un sólo pie en el suelo) y de pedalear tan fuerte como para alcanzar la VAT (Velocidad Angular Terminal), que es la que permite ir por el aire con coeficiente de rozamiento cero y hacer giros acrobáticos en el aire espectaculares. El coeficiente de rozamiento cero permite que la bici esté mucho más tiempo en el aire, por eso los giros acrobáticos son únicos, y con una bici muy buena se podría llegar a volar. Por eso soy un bicivolador. Sin embargo, mi bici no es muy buena. Mi madre dic…

– Pazkid o saltas ya o me voy a mi casa!!!
– Voy, voy!!!

Pazkid entrecierra los ojos y mira al montículo de tierra de forma desafiante. Se dice a sí mismo varias veces “soy un bicivolador, soy un bicivolador”. Su amigo Damián le observa fijamente desde el otro lado de la loma. Pazkid toma impulso con una pierna y con la otra comienza el pedaleo. Al principio pedalea sentado y a los cinco metros se pone de pie sobre la bici para pedalear aún más fuerte. Se aproxima al montículo de tierra a lo que él denomina “Velocidad Angular Terminal”. Para su amigo Damián viene sencillamente “follao”.

– Eh, Damián, voy a hacer el salto más grande que hayas visto nunca! MIRA MIRA!!!
– Vamos Pazkid!!!

Pazkid alcanza el montículo, hace impulso con la cabeza y los brazos para levantar aún más el manillar y se eleva por el aire…

– EH DAMIAN CHÚPATE EST…….

De repente, ya en el aire, siente que algo no va bien y los ojos se le ponen como platos!!!!

– …..HOOOOOSTTTIIIIAAAAAAA!!!!!!!!!!!!!!!!!!

bicivolador


Crónicas de Pazkid (II). La playa, ese lugar hostil.

20/julio/2009

 

Aparentemente es un día normal de playa. Pazkid, tras sus gafas de sol polarizadas, observa pacientemente todo lo que ocurre a su alrededor y vigila que nada ni nadie altere la paz universal.
 
Continúa observando el panorama, inmóvil, con los ojos bien abiertos tras el cristal polarizado. No ocurre nada, aparentemente todo sigue en calma. La ciudad parece dormida a pesar de escuchar un continuo murmullo lejano que a ratos identifica como alboroto de gente, griterío de niños y en ocasiones como una cantinela algo cansina que dice algo así como “Llevo la patata, oigaaaa, llevo la pepsi, oigaaaaa….”.
 
Al cabo de 47 minutos comienza a mosquearse. El alboroto continúa a pesar de no ver absolutamente nada ni a nadie. Sin embargo, lo que más le inquieta es que aún no haya amanecido siendo ya las tres y media de la tarde!!!

Pazkid decide quitarse las gafas de sol polarizadas y repentinamente una luz cegadora le obliga a cerrar los ojos. Al cabo de unos segundos comienza a abrirlos poco a poco y descubre paulatinamente que la playa está abarrotada de gente. Sale entonces de su refugio nuclear, situado en un punto estratégico de la playa, dispuesto a dar una vuelta. Abandona “la sombrilla”, nombre en clave de su refugio, y comienza la ronda.
 
Al cabo de un rato, para no llamar la atención y evitar el cachondeo ajeno (del que viene siendo objeto desde que salió de “la sombrilla”), decide despojarse de su cinturón generador de campos antiplasmáticos y los opto-acopladores extremos de campo de fuerza que lleva en los brazos. Desde “la sombrilla” oye a su agente superior de soporte (nombre en clave “mamá”) que le grita:
 
– Vuelve a ponerte inmediatamente el flotador y los manguitossssss!!!!!!!!!!

 
Decide hacer caso omiso.

De repente oye un grito pidiendo desconsoladamente auxilio. Su paksentido siempre está alerta. Viene del agua!!!!
 
Pazkid, haciendo uso de la supervelocidad extrema (cercana a la velocidad del sonido) corre hacia la orilla!!! Una vida está en juego y sólo Pazkid puede salvarla.
 
En un abrir y cerrar de ojos llega a la orilla. Sortea las olas con la destreza, la precisión y la técnicas propias de un superhéroe como él. Nada puede c…

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Crónicas de Pazkid (I).

13/julio/2009

 

Comienza un nuevo día en la gran urbe. Pazkid se despierta repentinamente. Su paksentido le dice que ya ha salido el sol (de hecho son las 5:47 de la tarde). Se levanta de la cama de un salto con una voltereta mortal de ejecución irregular. Rueda lateralmente por un lado de la cama hasta caer y dar de bruces contra el suelo. Se reincorpora y corre hacia la ventana para contemplar la ciudad. Se detiene ante ella y se pregunta qué peligros le acecharán hoy en la jungla urbana.

Pazkid continúa inmóvil frente la ventana con la mirada fija en el horizonte. Parece estar leyendo la ciudad como si ésta fuera un libro abierto. A los nueve minutos decide levantar la persiana con el fin de poder ver algo.

La ciudad sigue ahí, esperándole. Pazkid dice en voz baja, hablándole a la ciudad: “no te tengo miedo”. Se da la vuelta y corre hacia el armario. De camino hace una voltereta con componente vertical en el suelo. La energía cinética adquirida en la acrobacia es tal que es capaz de partir un muro de hormigón a su paso. La voltereta se ve frustrada por una silla de madera que hay en medio de su habitación y que Pazkid se come literalmente. La acrobacia acaba nuevamente en una pirueta irregular al compás de un estruendo horrible seguido de un gritito más propio de una rata moribunda que de un auténtico superhéroe.

Pazkid, en una alarde de fuerza y recomposición digna de un superhéroe como él, se reincorpora nuevamente y reinicia su carrera hacia el armario, aunque esta vez algo más despacio y cojeando.

Abre el armario de una patada voladora. Examina la situación y llega a la determinación de que la puerta aún no está abierta del todo. Vuelve a abrir el armario esta vez girando el pomo de la puerta con la mano. “Esta forma es menos vistosa pero mucho más efectiva”, piensa. De un salto agarra su uniforme. Se lo pone en tan sólo tres movimientos, uno de ellos imperceptible a los ojos de un humano. Se coloca la máscara, se detiene unas milésimas de segundo ante el espejo y a continuación baja las escaleras disparado, dispuesto a salvar el mundo.

Antes de salir a la calle hace una brevísima parada para tomarse su pakdesayuno: un compuesto orgánico multiproteínico que toman los superhéroes, como él,  y que esconde en el paksantuario, una cripta secreta a la que sólo él tiene acceso.

De repente, su paksentido le dice que algo no va bien.

– Te quieres tomar el colacao de una vez, Paco… que vas a volver a llegar tarde al colegio!!!!
– Ya voy mamá!!!
– Y haz el favor de bajarte de la nevera!!!!

pazkid

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Esta primera entrada, aún sin su consentimiento (estoy en trámites), va dedicada con todo el cariño del mundo al auténtico Pazkid (que nada tiene que ver con este niño ficticio). Va por ti, Paquich!!