Crónicas de Pazkid (I).

 

Comienza un nuevo día en la gran urbe. Pazkid se despierta repentinamente. Su paksentido le dice que ya ha salido el sol (de hecho son las 5:47 de la tarde). Se levanta de la cama de un salto con una voltereta mortal de ejecución irregular. Rueda lateralmente por un lado de la cama hasta caer y dar de bruces contra el suelo. Se reincorpora y corre hacia la ventana para contemplar la ciudad. Se detiene ante ella y se pregunta qué peligros le acecharán hoy en la jungla urbana.

Pazkid continúa inmóvil frente la ventana con la mirada fija en el horizonte. Parece estar leyendo la ciudad como si ésta fuera un libro abierto. A los nueve minutos decide levantar la persiana con el fin de poder ver algo.

La ciudad sigue ahí, esperándole. Pazkid dice en voz baja, hablándole a la ciudad: “no te tengo miedo”. Se da la vuelta y corre hacia el armario. De camino hace una voltereta con componente vertical en el suelo. La energía cinética adquirida en la acrobacia es tal que es capaz de partir un muro de hormigón a su paso. La voltereta se ve frustrada por una silla de madera que hay en medio de su habitación y que Pazkid se come literalmente. La acrobacia acaba nuevamente en una pirueta irregular al compás de un estruendo horrible seguido de un gritito más propio de una rata moribunda que de un auténtico superhéroe.

Pazkid, en una alarde de fuerza y recomposición digna de un superhéroe como él, se reincorpora nuevamente y reinicia su carrera hacia el armario, aunque esta vez algo más despacio y cojeando.

Abre el armario de una patada voladora. Examina la situación y llega a la determinación de que la puerta aún no está abierta del todo. Vuelve a abrir el armario esta vez girando el pomo de la puerta con la mano. “Esta forma es menos vistosa pero mucho más efectiva”, piensa. De un salto agarra su uniforme. Se lo pone en tan sólo tres movimientos, uno de ellos imperceptible a los ojos de un humano. Se coloca la máscara, se detiene unas milésimas de segundo ante el espejo y a continuación baja las escaleras disparado, dispuesto a salvar el mundo.

Antes de salir a la calle hace una brevísima parada para tomarse su pakdesayuno: un compuesto orgánico multiproteínico que toman los superhéroes, como él,  y que esconde en el paksantuario, una cripta secreta a la que sólo él tiene acceso.

De repente, su paksentido le dice que algo no va bien.

– Te quieres tomar el colacao de una vez, Paco… que vas a volver a llegar tarde al colegio!!!!
– Ya voy mamá!!!
– Y haz el favor de bajarte de la nevera!!!!

pazkid

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Esta primera entrada, aún sin su consentimiento (estoy en trámites), va dedicada con todo el cariño del mundo al auténtico Pazkid (que nada tiene que ver con este niño ficticio). Va por ti, Paquich!!

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3 Responses to Crónicas de Pazkid (I).

  1. A los nueve minutos decide levantar la persiana con el fin de poder ver algo.

    Lo que me he podido reir con eso.. qué puto crack eres.

  2. Soy Limonoff dice:

    Jamas recibi una moneda por el uso inconsulto del apellido de mi hermano,el de mi abuelo y demas familiares.

    Exijo al menos una birra,con cargo a la produccion.

    A pesar de lo gratuito de mi aporte,igula los felicito……….

  3. saul dice:

    estuvo chido esta ves si genial con eso no quiere dsir q t adoro pinche putito

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