El niño de la cometa

El “niño de la cometa” podría ser la versión adolescente de “Arturo, el niño caraja”.

Una tarde de domingo, nos preparamos unos bocatas y nos fuimos a un parque en busca de la misma tranquilidad y calma que se llevó este niño en cuanto llegó.

niniocometa

Se pasó la tarde entera corriendo de un lado para otro; donde “un lado” equivale a cualquier punto y “otro” equivale siempre a nuestra posición. En terminos cartesianos podríamos decir que todos sus recorridos eran descritos por vectores que tenían como origen cualquier punto del espacio y como destino nosotros. Y cuando digo “nosotros” significa que unas veces nos pisó la mochila, otras veces mi pie, en otra ocasión mandó de una patada mi lata de fanta a tomar por culo…

Apenas tardamos dos minutos en cogerle el mismo cariño que se le puede coger a una rata con sida.

Y eso no es lo que tiene correr mirando al cielo. Eso es lo que tiene “estar sordo” o directamente “ser tonto”. Porque la primera vez te puede pasar. Y o te dicen “Ten cuidado, chico…mira por donde corres!!” y para la próxima tienes cuidado o directamente se da uno cuenta, sin que le digan nada, y pone más atención la próxima vez. Pero no hubo una próxima vez…

sino diecisiete!!!

(…)

Extraído con mucho cuidado de “El niño de la cometa y su fantástico mundo de torrija” – Editorial Puig Cóndor.

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3 Responses to El niño de la cometa

  1. Gema dice:

    Hola D. Javier!!
    que tal te trata la vida? Oye que si te vienes a los USAdos antes del 8 de junio aqui estoy. Si pasas por Seattle dime y quedamos. Si tienes alguna duda existencial, igual te puedo ayudar, que algun viajecillo he hecho…
    Un besin y recuerdos de mi primo, jejeje

  2. Capitan Cerumen dice:

    Caro Javier:
    Acabo de hacer un repaso por los enlaces de mi bitácora y… ¡qué horror!, un auténtico cementerio de elefantes!!, blogs criogenizados o, directamente, con dos autopsias!!. Y no puedo dejar de incluir mi ciberlibelo entre tanta necrológica bitacoril!!. Menos mal que veo que sigues y escribes asiduamente y con igual ingenio.
    En cuanto al niño Arturito…,¡cuántos Arturitos mononeuronales hay en el mundo!, pero lo que más me gusta de ellos es la cara de gilipollas que ponen cuando los reprendes, se quedan parados, con los brazos pegados a los costados y puedes oír el ruido de su cerebro nadando en el éter. Un abrazo maestro, vuelvo a mi sarcófago estival.

    • javierdebe dice:

      Menuda sorpesa!!! Una alegría leerle de nuevo!!!
      Sí, de repente me vienen a la memoria multitud de bitácoras de cuando empezamos en esto. Ha definido increíblemente bien la situación actual.
      Una pena…ciertamente!
      Vuelva!!

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