Teoría de máquinas.

 

La ciencia y la tecnología evolucionan a veces de la forma más inverosímil. Un día te sorprenden con una máquina que te da las gracias cuando compras un paquete de tabaco y al otro con una que no te dice hola pero asegura leerte el futuro si le metes la mano en la boca (por otro lado una máquina carente de mérito alguno; a mi alguien me mete la mano en la boca de repente y también soy capaz de adivinarle su futuro más inmediato, incluso puedo predecir la ropa que va a llevar puesta en el hospital).
 
Algunas máquinas no hablan. Pero no porque no puedan hacerlo. De hecho, todas las máquinas pueden hablar. Sin embargo, algunas deciden voluntariamente no hacerlo por motivos que desconocemos dado que no son de nuestra incumbencia. Y aunque lo fueran, seguirían siendo desconocidos porque por mucho que les preguntásemos por qué no hablan no nos contestarían. Este es un fenómeno contrastado científicamente por dos jubilados y un niño coreano de siete años y que podéis corroborar también vosotros mismos. Basta con probar a preguntarle a una máquina de hacer granizadas de limón, por ejemplo, por qué no habla. A ver qué os dice.

Así pues, nos encontramos máquinas que deciden hablar y otras que no, cada una con sus propios motivos. Enumero algunas.
 
Máquinas felices. Máquinas que hablan con educación y respeto.

Por ejemplo, las máquinas de tabaco. Las máquinas de tabaco no piden nada. Viven en bares habitualmente o sitios con aire acondicionado. Son felices. Normalmente están ahí, haciendo sus cosas y si alguien en un momento dado les interrumpe para comprar un paquete de tabaco ellas atienden su petición y le dan las gracias educadamente. Y ya está. Así de simple. Son máquinas felices y, por tanto, cordiales.
 
Máquinas aburridas. Máquinas que hablan por deber no por placer.

Los surtidores de gasolina, por ejemplo. Te dicen: “Está usted repostando gasolina super”. Sin más. Te tratan de usted pero no por educación sino por mera formalidad, están trabajando. No te dicen hola. No te preguntan a dónde vas, por ejemplo, o qué tal tu familia. Ni siquiera el coche fantástico, que hablaba hasta con los perros, conversó jamás con una de ellas. Son máquinas insulsas, quizás por su trabajo, y que podrían estar calladas y pasarían igualmente desapercibidas. 

Máquinas incordio. Máquinas que están más guapas calladas.

Pongámonos en situación. Ocho de la mañana. Estás en un bar tomándote un café tranquilamente para despertar. El camarero limpia unos vasos y tú tratas de disfrutar de los últimos minutos de paz que te depara el día. De repente salta la máquina de turno con ese horrible acento de feriante de tómbola: PREEEEMIO!!!. Y acto seguido se pone a tararear la canción de la cucaracha subida de revoluciones. ¿Toca o no toca las narices? Son máquinas que están más guapas calladas, sin duda!!!
 
Máquinas amargadas. Máquinas que no se hablan con nadie.

Son las típicas máquinas de la zona azul. Máquinas recaudadoras. Viven a la intemperie porque son máquinas de la calle, máquinas duras. No se dedican a nada en particular. Nadie les ha hecho nada pero su condición de chivatas de mierda hace que, si no les das dinero cuando aparcas tu coche, avisen por sms a alguien para que te ponga una multa. No dicen hola, ni adiós, ni muchísimo menos dan las gracias. Son máquinas infelices y amargadas. He ahí que no se hablen con nadie, ni entre ellas mismas. No obstante, gozan de nuestro más cariñoso asco y desprecio absoluto.
 
Máquinas tímidas. Máquinas que hablan tan bajito que ni se oye.

Son máquinas a las que les da vergüenza hablar. Si lo hacen, lo hacen tan bajo que casi no se oye y miran para otro lado, de la vergüenza. Se trata, por ejemplo, de las máquinas de hielo, esas que viven en las gasolineras. Son máquinas que a primera vista pueden parecer frías pero no lo son. Siempre tienen su corazón (en forma de puerta) abierto a cualquiera de nosotros, sea la hora que sea. Y cada vez que alguien coge una bolsa de hielo, le dicen tímidamente en voz muy baja, casi imperceptible: FELIZ CUBATA !!
 
Máquinas famosas. Máquinas que no necesitan hablar.

Hay máquinas a las que no les hace falta hablar para llamar la atención o causar expectación. Me refiero concretamente a la máquina del tiempo. Una máquina que ha triunfado en Hollywood, tebeos y series tanto pasadistas como futuristas. Son máquinas que no necesitan hablar. Total para lo que tienen que decir… “La previsión meteorológica para mañana será preocupante en el noroeste peninsular debido a una borrasca procedente del centro de Europa que….bla bla bla”. Menudo rollazo. En mi humilde opinión son unas pedantes y además no saben interpretar (hay más de mil películas en las que aparecen máquinas del tiempo y jamás ha sido ninguna de ellas nominada a un Oscar).

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Cabe señalar que esas máquinas que a veces escuchamos en el Carrefour (no diré la marca) y que dicen algo así como “Señorita Pepi acuda a caja siete por favor” no son máquinas como tal, sino personas humanas. Del mismo modo que tampoco son máquinas sino personas (algunas incluso humanas) aquellas que escuchamos al otro lado del teléfono y que nos saludan con un simpático “Le atiende la extensión dos nueve siete, mi nombre es Carlos en qué puedo ayudarl….lo siento en estos momentos estamos actualizando la base de datos”.

En definitiva, la próxima vez que tratéis con alguna máquina recordad que si no os habla… sus motivos tendrá.

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