Teoría de Niños Prodigio.

30/Septiembre/2005

Hoy en día, concretamente a las once a.m. (esto es, antes de la merienda), están de moda cosas como leer al revés libros de Valle-Inclán en busca de palíndromos (y el que diga que no lo hace por moda miente). Pero no hace mucho, unos diez mil millones de segundos, estaban de moda los Niños Prodigio.
 
En los tiempos que corren (con la lengua fuera) ya no están de moda los Niños Prodigio, afortunadamente. Que nadie descorche la botella de cava y que ninguna planta brote de alegría porque las modas, como todos sabemos, son cíclicas. Dentro de poco volverán a invadir el planeta cientos de Niños Prodigio, como ya hicieron en su día Joselito, Marisol o Torrebruno.
 
Hace meses que estudio en profundidad, toda la que me permite lo duro del pavimento, este tipo de fenómenos. Lo hago de forma altruista y sin cobrar ni una peseta porque en su día yo mismo fuí un prototipo de Niño Prodigio, y porque hoy en día la peseta ya no es una moneda de curso legal. Paralelamente he publicado un ensayo científico que ha sido difundido por los más prestigiosos centros (la mayoría penitenciarios) y que contiene multitud de dibujos para colorear así como un interesante estudio sobre Torrebruno,  en el que a través de su propia biografía pongo de manifiesto que no se trataba de un prodigio. Y mucho menos un niño!!. 
 
Queda claro, por tanto, que existe un riesgo de invasión inminente. Y muchos serán los padres que se pregunten cómo saber si su retoño se trata de un Niño Prodigio o no. Para saberlo basta con prestarme un poco de atención y algo de dinero. 

Para poder ser un Niño Prodigio se ha de ser, en primer lugar, un niño. Esto puede parecer obvio y que lo recalque podría ofender a más de uno; pero no será la primera y la última vez que me pase lo que ayer mismo.

- Hola, venía a preguntarle una cosilla porque tenía una inquietud. Éste es mi hijo Paquito y quería saber si se trata de un Niño Prodigio o no.
- ¿Qué edad tiene?
- El mes que viene cumple treinta y cuatro años.
- ¿¿Él sólo?? - me tuve que contener la risa - Verá. Así de entrada le puedo decir que un niño no es. De eso estoy seguro, asúmalo cuanto antes. Y un prodigio… por la cara que tiene me atrevería a decirle que tampoco. Incluso con esa edad lo único prodigioso que puede hacer es una década… Así que no se ilusione.

Una vez que has llevado a tu hijo al médico y ha certificado que aún se trata de un niño, hay dos métodos para saber si se trata de un Niño Prodigio o no.

Método Milton
 
Se hierve agua (recordad que el agua hierve a cien y no a noventa, a noventa grados sólo hierven los ángulos rectos) y se introduce completamente al niño durante diez minutos, en espera de una segunda ebullición. Luego se le saca con mucho cuidado, puede que queme un poco. Si el niño sonríe es que claramente se trata de un niño prodigio. Si no sonríe es que no se trata de un niño prodigio (además de no tener sentido del humor).
 
Este método es muy utilizado en los países desarrollados ya que permite con total garantía saber si el niño es o no es un prodigio. Personalmente no lo recomiendo a menos que sea estrictamente necesario pues tiene un ligero inconveniente: independientemente del resultado, el niño no valdrá para nada después del test.
 
Método por Comparación.
 
Es un método algo más frío que el anterior. Consiste en comparar a tu hijo con otro niño igual de guapo. Acciones cotidianas como “comerse una aceituna sin hueso con la luz apagada” o “dormir sin pestañear y con la boca abierta” servirán para determinar si tu hijo es un prodigio o no comparándolo con el otro niño.
 
En mi caso me compararon con Jacobo, un niño sobre el que escribiré largo y sentado (porque escribir tendido es incómodo) en otra ocasión. Por simple comparación, a todas luces, se vió que yo no era ningún prodigio como niño. Sin embargo, Jacobo dió positivo.
 
Éstas son las únicas imágenes que conservo de Jacobo.

Aunque pueda parecer que de Niño Prodigio no tenga nada, y mucho de lelo, lo cierto es que Jacobo ha sido capaz de arrancar carcajadas a medio mundo. Y eso es prodigioso. 

Los Niños Prodigio de verdad son aquellos que hacen gracia y nos hacen reír.
Los otros son un coñazo!.


Teoría de máquinas.

22/Septiembre/2005

 

La ciencia y la tecnología evolucionan a veces de la forma más inverosímil. Un día te sorprenden con una máquina que te da las gracias cuando compras un paquete de tabaco y al otro con una que no te dice hola pero asegura leerte el futuro si le metes la mano en la boca (por otro lado una máquina carente de mérito alguno; a mi alguien me mete la mano en la boca de repente y también soy capaz de adivinarle su futuro más inmediato, incluso puedo predecir la ropa que va a llevar puesta en el hospital).
 
Algunas máquinas no hablan. Pero no porque no puedan hacerlo. De hecho, todas las máquinas pueden hablar. Sin embargo, algunas deciden voluntariamente no hacerlo por motivos que desconocemos dado que no son de nuestra incumbencia. Y aunque lo fueran, seguirían siendo desconocidos porque por mucho que les preguntásemos por qué no hablan no nos contestarían. Este es un fenómeno contrastado científicamente por dos jubilados y un niño coreano de siete años y que podéis corroborar también vosotros mismos. Basta con probar a preguntarle a una máquina de hacer granizadas de limón, por ejemplo, por qué no habla. A ver qué os dice.

Así pues, nos encontramos máquinas que deciden hablar y otras que no, cada una con sus propios motivos. Enumero algunas.
 
Máquinas felices. Máquinas que hablan con educación y respeto.

Por ejemplo, las máquinas de tabaco. Las máquinas de tabaco no piden nada. Viven en bares habitualmente o sitios con aire acondicionado. Son felices. Normalmente están ahí, haciendo sus cosas y si alguien en un momento dado les interrumpe para comprar un paquete de tabaco ellas atienden su petición y le dan las gracias educadamente. Y ya está. Así de simple. Son máquinas felices y, por tanto, cordiales.
 
Máquinas aburridas. Máquinas que hablan por deber no por placer.

Los surtidores de gasolina, por ejemplo. Te dicen: “Está usted repostando gasolina super”. Sin más. Te tratan de usted pero no por educación sino por mera formalidad, están trabajando. No te dicen hola. No te preguntan a dónde vas, por ejemplo, o qué tal tu familia. Ni siquiera el coche fantástico, que hablaba hasta con los perros, conversó jamás con una de ellas. Son máquinas insulsas, quizás por su trabajo, y que podrían estar calladas y pasarían igualmente desapercibidas. 

Máquinas incordio. Máquinas que están más guapas calladas.

Pongámonos en situación. Ocho de la mañana. Estás en un bar tomándote un café tranquilamente para despertar. El camarero limpia unos vasos y tú tratas de disfrutar de los últimos minutos de paz que te depara el día. De repente salta la máquina de turno con ese horrible acento de feriante de tómbola: PREEEEMIO!!!. Y acto seguido se pone a tararear la canción de la cucaracha subida de revoluciones. ¿Toca o no toca las narices? Son máquinas que están más guapas calladas, sin duda!!!
 
Máquinas amargadas. Máquinas que no se hablan con nadie.

Son las típicas máquinas de la zona azul. Máquinas recaudadoras. Viven a la intemperie porque son máquinas de la calle, máquinas duras. No se dedican a nada en particular. Nadie les ha hecho nada pero su condición de chivatas de mierda hace que, si no les das dinero cuando aparcas tu coche, avisen por sms a alguien para que te ponga una multa. No dicen hola, ni adiós, ni muchísimo menos dan las gracias. Son máquinas infelices y amargadas. He ahí que no se hablen con nadie, ni entre ellas mismas. No obstante, gozan de nuestro más cariñoso asco y desprecio absoluto.
 
Máquinas tímidas. Máquinas que hablan tan bajito que ni se oye.

Son máquinas a las que les da vergüenza hablar. Si lo hacen, lo hacen tan bajo que casi no se oye y miran para otro lado, de la vergüenza. Se trata, por ejemplo, de las máquinas de hielo, esas que viven en las gasolineras. Son máquinas que a primera vista pueden parecer frías pero no lo son. Siempre tienen su corazón (en forma de puerta) abierto a cualquiera de nosotros, sea la hora que sea. Y cada vez que alguien coge una bolsa de hielo, le dicen tímidamente en voz muy baja, casi imperceptible: FELIZ CUBATA !!
 
Máquinas famosas. Máquinas que no necesitan hablar.

Hay máquinas a las que no les hace falta hablar para llamar la atención o causar expectación. Me refiero concretamente a la máquina del tiempo. Una máquina que ha triunfado en Hollywood, tebeos y series tanto pasadistas como futuristas. Son máquinas que no necesitan hablar. Total para lo que tienen que decir… “La previsión meteorológica para mañana será preocupante en el noroeste peninsular debido a una borrasca procedente del centro de Europa que….bla bla bla”. Menudo rollazo. En mi humilde opinión son unas pedantes y además no saben interpretar (hay más de mil películas en las que aparecen máquinas del tiempo y jamás ha sido ninguna de ellas nominada a un Oscar).

maqu.jpg

Cabe señalar que esas máquinas que a veces escuchamos en el Carrefour (no diré la marca) y que dicen algo así como “Señorita Pepi acuda a caja siete por favor” no son máquinas como tal, sino personas humanas. Del mismo modo que tampoco son máquinas sino personas (algunas incluso humanas) aquellas que escuchamos al otro lado del teléfono y que nos saludan con un simpático “Le atiende la extensión dos nueve siete, mi nombre es Carlos en qué puedo ayudarl….lo siento en estos momentos estamos actualizando la base de datos”.

En definitiva, la próxima vez que tratéis con alguna máquina recordad que si no os habla… sus motivos tendrá.


Teoría de niños prodigio.

5/Septiembre/2005

Hoy en día, concretamente a las once a.m. (esto es, antes de la merienda), están de moda cosas como leer al revés libros de Valle-Inclán en busca de palíndromos (y el que diga que no lo hace por moda miente). Pero no hace mucho, unos diez mil millones de segundos, estaban de moda los Niños Prodigio.
 
En los tiempos que corren (con la lengua fuera) ya no están de moda los Niños Prodigio, afortunadamente. Que nadie descorche la botella de cava y que ninguna planta brote de alegría porque las modas, como todos sabemos, son cíclicas. Dentro de poco volverán a invadir el planeta cientos de Niños Prodigio, como ya hicieron en su día Joselito, Marisol o Torrebruno.
 
Hace meses que estudio en profundidad, toda la que me permite lo duro del pavimento, este tipo de fenómenos. Lo hago de forma altruista y sin cobrar ni una peseta porque en su día yo mismo fuí un prototipo de Niño Prodigio, y porque hoy en día la peseta ya no es una moneda de curso legal. Paralelamente he publicado un ensayo científico que ha sido difundido por los más prestigiosos centros (la mayoría penitenciarios) y que contiene multitud de dibujos para colorear así como un interesante estudio sobre Torrebruno,  en el que a través de su propia biografía pongo de manifiesto que no se trataba de un prodigio. Y mucho menos un niño!!. 
 
Queda claro, por tanto, que existe un riesgo de invasión inminente. Y muchos serán los padres que se pregunten cómo saber si su retoño se trata de un Niño Prodigio o no. Para saberlo basta con prestarme un poco de atención y algo de dinero. 

Para poder ser un Niño Prodigio se ha de ser, en primer lugar, un niño. Esto puede parecer obvio y que lo recalque podría ofender a más de uno; pero no será la primera y la última vez que me pase lo que ayer mismo.

- Hola, venía a preguntarle una cosilla porque tenía una inquietud. Éste es mi hijo Paquito y quería saber si se trata de un Niño Prodigio o no.
- ¿Qué edad tiene?
- El mes que viene cumple treinta y cuatro años.
- ¿¿Él sólo?? - me tuve que contener la risa - Verá. Así de entrada le puedo decir que un niño no es. De eso estoy seguro, asúmalo cuanto antes. Y un prodigio… por la cara que tiene me atrevería a decirle que tampoco. Incluso con esa edad lo único prodigioso que puede hacer es una década… Así que no se ilusione.

Una vez que has llevado a tu hijo al médico y ha certificado que aún se trata de un niño, hay dos métodos para saber si se trata de un Niño Prodigio o no.

Método Milton
 
Se hierve agua (recordad que el agua hierve a cien y no a noventa, a noventa grados sólo hierven los ángulos rectos) y se introduce completamente al niño durante diez minutos, en espera de una segunda ebullición. Luego se le saca con mucho cuidado, puede que queme un poco. Si el niño sonríe es que claramente se trata de un niño prodigio. Si no sonríe es que no se trata de un niño prodigio (además de no tener sentido del humor).
 
Este método es muy utilizado en los países desarrollados ya que permite con total garantía saber si el niño es o no es un prodigio. Personalmente no lo recomiendo a menos que sea estrictamente necesario pues tiene un ligero inconveniente: independientemente del resultado, el niño no valdrá para nada después del test.
 
Método por Comparación.
 
Es un método algo más frío que el anterior. Consiste en comparar a tu hijo con otro niño igual de guapo. Acciones cotidianas como “comerse una aceituna sin hueso con la luz apagada” o “dormir sin pestañear y con la boca abierta” servirán para determinar si tu hijo es un prodigio o no comparándolo con el otro niño.
 
En mi caso me compararon con Jacobo, un niño sobre el que escribiré largo y sentado (porque escribir tendido es incómodo) en otra ocasión. Por simple comparación, a todas luces, se vió que yo no era ningún prodigio como niño. Sin embargo, Jacobo dió positivo.
 
Éstas son las únicas imágenes que conservo de Jacobo.

jacobo.gif

Aunque pueda parecer que de Niño Prodigio no tenga nada, y mucho de lelo, lo cierto es que Jacobo ha sido capaz de arrancar carcajadas a medio mundo. Y eso es prodigioso. 

Los Niños Prodigio de verdad son aquellos que hacen gracia y nos hacen reír.
Los otros son un coñazo!.